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Más de dos terceras partes de la población cree que la actual crisis económica es también una crisis de ética y valores, aunque sólo el 50 % piensa que existen unos valores universales. Estos datos se extraen del Faith and the Global Agenda: Values for the Post-Crisis Economy, el nuevo informe anual del World Economic Forum, en colaboración con la Universidad de Georgetown, donde se trata el rol de la fe a nivel global.
El informe recoge por primera vez los resultados de una encuesta de opinión pública sobre valores llevada a cabo a través de Facebook, y que ha tenido más de 130.000 respuestas de ciudadanos de 10 países del G20 (Francia, Alemania, Índia, Indonesia, Israel, México, Arabia Saudí, Sudáfrica, Turquía y Estados Unidos).
Cuando se pide a los encuestados que identifiquen los valores más importantes en el sistema económico y político global, casi el 40% de ellos responde la honestidad, integridad y transparencia; el 24% responde otros derechos y dignidad; el 20% elige el impacto de acciones por el bienestar de los demás y el 17% restante elige la preservación del medio ambiente.
Según Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del World Economic Forum, el informe subraya la necesidad de establecer unos valores alrededor de los cuales se deberían construir las instituciones económicas globales, y los mecanismos de cooperación internacional.
Podéis consultar también en ESADE Link el artículo “Política y valores” del profesor Àngel Castiñeira de ESADE.

Winston Churchill hizo célebre una frase válida para nuestro contexto: “El precio de la grandeza es la responsabilidad”. La responsabilidad es proporcional -o debería ser proporcional- a la grandeza de nuestro poder. Un poder pequeño reclama una responsabilidad pequeña. Un poder grande pide también una responsbailidad grande. El poder político en Catalunya, paradójicamente, es grande y pequeño. Es grande en comparación con el poder de que disponen otras organizaciones e instituciones catalanas (sociales, empresariales, etc…). Y es pequeño si lo comparamos con el poder, también político, del Estado español, por ejemplo.
Hay, pues, una grandeza cuantitativa y una cualitativa. La grandeza cuantitativa depende de las competencias y recursos (hoy limitados) con los que contamos. La grandeza cualitativa depende, en cambio, del nivel de responsabilidad con el que ejercemos nuestro poder. De poco o nada sirve tener mucho poder (en cantidad) si lo gestionamos de forma irresponsable. En cambio, el buen gobierno (tanto en sentido ético como meritocrático) nos hace grandes como nación y como pueblo, aunque contemos con pocas competencias.
Déjeme poner un ejemplo muy evidente. ¿No es cierto que el prestigio internacional de Cataluña y el sentimiento positivo de pertenencia eran grandes hace unos años a pesar de las restricciones de todo tipo que nos imponían los gobiernos españoles? ¿No es cierto también que ahora, aunque contando con un estatuto ampliado y con unos presupuestos más elevados, la imagen de Cataluña al exterior se ha deteriorado y el estado de ánimo de la ciudadanía se ha deprimido? Si el precio de la grandeza es la responsabilidad -Churchill dixit-, el precio de la iresponsabilidad es la miseria, para glosar el título de un texto clave del presidente Pujol: Grandesa i misèria de la política.
Desafortunadamente, hoy por hoy, la grandeza cuantitativa de nuestro poder no depende sólo de nosotros. De aquí la reclamación justa del famoso “derecho a decidir”. Pero en cambio, afortunadamente, la grandeza cualitativa de nuestro poder solo depende de nosotros y de nuestra manera de actuar. Las presuntas irregularidades, corrupciones urbanísticas, apropiaciones indebidas, desvíos o malversaciones de fondos, asociaciones ilícitas, fraudes fiscales, cobro de comisiones, tráfico de influencias, encubrimientos, etc. no son una plaga bíblica enviada desde Madrid, sinó el resultado directo y querido de las actuaciones de algunos de nuestros representantes y de la manera de ejercer sus responsabilidades.
El capital ético no depende de los otros, depende sólo de nosotros. Estamos muy preocupados por el futuro de nuestras infraestructuras físicas (AVE, conexión euromediterránea, centrales logísticas, aeropuerto internacional, etc.). Pero quizás también habría que pensar cómo estamos de infraestructuras éticas. Nos tenemos que preguntar si la brecha que sufrimos, si las averías que tenemos, si las carencias que soportamos son sólo de materiales o bien tienen que ver con la salud de nuestro capital épico.
Estas valoraciones se encuentran dentro del libro: Daniel Ortiz, Política i Valors. Barcelona: Fundació Lluís Carulla, 2009.
Aquí podéis ver el vídeo de Àngel Castiñeira:
Podéis consultar más libros, capítulos de libro y artículos de Ángel Castiñeira desde el catálogo de la biblioteca de ESADE. También podéis acceder a los libros de la colección Observatori dels valors.
Para más información académica del autor y de la Cátedra de Liderazgo de la cual forma parte, podéis consultar sus enlaces.
